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Colombia, entre los 10 países que más falsifican medicamentos

Juan Gossaín  habló con Asocoldro e investigó por qué el país está en esa clasificación. Adulteración, una de las causas. 

 

medicamentos


Díganme una cosa: ¿es que la corrupción en Colombia no tiene límites ni tiene frenos? ¿Hasta dónde vamos a llegar? Si ya no se puede confiar ni en el medicamento que uno se toma, ¿entonces en quién?

Ya esto no lo aguanta nadie. Hemos llegado al colmo de los colmos. Ya no queda trampa sin estrenar ni delito que no se haya cometido. Perdonen ustedes si parezco indignado, pero es que lo estoy, hasta el tuétano de los huesos, y también disculparán que se los cuente así, de un solo golpe, de sopetón, como si fuera un porrazo.

Colombia está entre los diez países del mundo que más producen y comercializan medicamentos falsificados. No lo digo yo, lo dice nada menos que el Instituto Internacional contra la Falsificación de Medicamentos. Y, entre las regiones del mundo, América Latina aparece en segundo lugar, superada solo por Asia en este campeonato de la infamia.
 

Aterrado por semejantes revelaciones, hablo con los que saben, los que investigan, los que conocen el fondo de la realidad. Los propios laboratorios, que producen o importan los remedios, se unieron para enfrentar semejante problema.

En el año 2010 crearon una corporación con nombre poético, Punto Azul, que hoy tiene 290 asociados. Son ellos los que se encargan de combatir la falsificación del contenido o de las fechas de vencimiento, así como el contrabando. Han recogido más de mil toneladas de medicamentos viejos en todo el país.
 

Remedios viejos y basura

El director ejecutivo de la Corporación Punto Azul es Jorge Enrique Trujillo Sánchez, un economista oriundo de Lorica, en tierras cordobesas, y sobrino del inolvidable escritor David Sánchez Juliao.
 

Con él me pongo a comentar una costumbre ancestral colombiana, convertida ya en tradición y en parte de nuestra cultura, según la cual las amas de casa no botan ni destruyen los remedios vencidos. Simplemente los dejan ahí, en el dormitorio, formando parte de lo que ellas mismas llaman ‘el reguero de la mesita de noche’: frascos y cajas, píldoras y jarabes, antibióticos y analgésicos.
 

“A esa tradición familiar –me dice el señor Trujillo Sánchez– se agrega que, cuando por fin la señora decide deshacerse de las medicinas vencidas, las deposita completas en la caneca de su casa, junto con todos los demás desperdicios, y con la caja original o el frasco”.
 

Eso, precisamente eso, es lo que más facilita la manipulación o adulteración del remedio: simplemente lo rescatan de la basura, le hacen una etiqueta nueva y le ponen nueva fecha. “El resto es sencillo”, comenta Trujillo. “Manos criminales cogen el frasco, lo llenan de una sustancia cualquiera y, vendiéndolo a menor precio, ponen en riesgo la vida de la gente”.

Por ciudades y regiones

Según estadísticas de Punto Azul, las ciudades donde más se ha concentrado este delito son Ipiales, Cúcuta, Barranquilla y Bogotá. Es lógico sorprenderse de que dos ciudades como Ipiales, en Nariño, y Cúcuta, en Norte de Santander, estén por encima de Barranquilla y Bogotá.
 

La respuesta la tiene Alba Rocío Rueda Gómez, que dirige la Asociación Colombiana de Droguistas (Asocoldro).

“Es que son ciudades fronterizas –dice ella–, donde la aglomeración humana es más grande y revuelta. Ellos ni siquiera se imaginan el gran peligro que eso representa”.

José Luis Méndez, médico y presidente de la Asociación de la Industria Farmacéutica (Asinfar), me dice que esas bandas están proliferando ya por todo el país: “Es cierto que en Colombia hay un problema de ‘mercado negro de medicamentos’, de magnitudes que nadie ha podido medir, y que atenta peligrosamente contra la salud pública de los colombianos”.
 

Les pregunto a mis contertulios si, además de la Policía Fiscal y Aduanera, hay alguna otra autoridad que esté colaborando en la lucha contra los medicamentos falsificados. Me responde la señora Rueda Gómez que, como ya dije, representa a droguistas y farmaceutas.
 

“Ponemos quejas, demandas, denuncias –dice ella–. Y nada, no pasa nada. Hay ciudades llenas de vendedores callejeros de medicinas. Hay esquinas donde no se puede caminar porque los camiones están parqueados vendiendo remedios. Ya hay hasta vendedores ambulantes de eso. Abren falsas droguerías en los garajes, con letrero y todo. O en las plazas de mercado”.
 

¿Y dónde está el Gobierno? ¿Y el Invima, que es el organismo encargado de vigilar medicamentos y alimentos?
 

Otra de las protestas frecuentes de laboratorios y droguistas es la del contrabando de medicinas, “que se ha convertido en una de las actividades más lucrativas para quienes la practican”, añade Alba Rocío Rueda. “Las autoridades de control nos han dicho es que esos productos vienen especialmente de Ecuador y Venezuela”.
 

“Lo peor –dice, por su parte, José Luis Méndez– es que existen farmacias, droguerías, depósitos, que les compran a falsificadores o contrabandistas, poniendo en peligro la vida de los colombianos”.
 

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Fuente: Periódico El tiempo